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Mitos de Esteco
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A medida que han transcurrido los siglos, la imaginación popular norteña añadió a cada ladrillo de adobe de Esteco una intencionalidad mítica, a cada recodo y cada palabra pronunciada una intencionalidad diabólica, unas cuantas maldiciones y una rebanada de misterio.

Vale decir, los mitos producidos por la imaginería popular alrededor de Esteco son incontables, aunque la documentación de su existencia histórica no parece coincidir exactamente con ellos, describiendo el derrotero de una comunidad castigada por calamidades naturales.

El punto de partida de todos los mitos parece haber sido su destrucción por un terremoto el 13 de setiembre de 1692, mientras la ciudad de Salta se habría salvado milagrosamente gracias a la invocación de la Virgen María, en su concepción de Nuestra Señora del Milagro, y al sacar en procesión al "Cristo del Milagro" que había yacido un siglo olvidado.

La imaginación popular ha trastocado el fundamento histórico, cambiando el sentido pretérito por uno nuevo de signo negativo, como enuncia la copla popular salteña que reza: "No sigas ese camino / no seas orgulloso y terco / no te vaya a suceder / como a la ciudad de Esteco"; o quizá esa otra que afirma: "Salta saltará / Tucumán florecerá / Esteco perecerá".

Ese mismo sentido que hacía decir a Emilio Morales -quien trató de desenterrar los restos de Esteco a principios de siglo- que se podían encontrar peones para cualquier clase de trabajo menos para ese, porque la leyenda corriente hacía creer al pueblo inculto que cuantos removieran las ruinas de Esteco serían perseguidos por la ánimas en pena, que se vengarían de ellos provocando su desgracia.

Solo cabe enunciar los principales mitos tejidos alrededor de Esteco, haciendo la salvedad de que algunos de ellos (muy pocos) tienen un reflejo documental, aunque muchas veces las calamidades naturales realmente acaecidas no justifican su equiparación a catástrofes bíblicas.

Mito de las plagas de Egipto: el obispo Fray Melchor Maldonado de Saavedra parece haber sido el precursor de la caracterización de que Esteco era objeto de la ira divina, al atribuir en 1636 a culpas humanas las catástrofes naturales que azotaban el lugar. En un remedo de las plagas de Egipto, afirmaba: "bien muestra Dios el enojo que tiene con esta ciudad y en sus castigos la gravedad de las culpas: peste continua, sapos, culebras, tigres, un monte toda la ciudad y los mayores temblores que yo he visto en las Indias". Hacia 1654, encontraba a la villa sujeta a supuestas prácticas de hechicería y maleficios, por obra de un negro que tendría por cómplices a curas y vecinos principales. El obispo promovió una querella contra las autoridades del poblado, pero no logró probar sus acusaciones ante la Audiencia de Charcas.

Mito de su riqueza fabulosa: opulencia alcanzada por la villa de Esteco, la que en corto lapso habría aventajado a las otras ciudades del Tucumán, debido a la fertilidad de su suelo y a la explotación a que fueron sometidos los indios que le estaban encomendados. Se la llamó "Reina de los Chacos", y se dijo que sus riquezas provenían de yacimientos secretos. Se habló de culto a la riqueza; y de abundancia y riqueza, unida a la vanidad de sus habitantes.

Mito del castigo divino (Sodoma americana): se habló de los excesos pecaminosos de la villa, su vida disipada, los vicios y placeres que habrían provocado la ira divina concretada con el cataclismo de 1692. También se la llamó "ciudad de la lujuria".

Mito de la mujer de piedra: No faltó tampoco a esta moderna Sodoma, la mujer de piedra (resabio de la mujer de Lot bíblica) que vuelve a aparecerse en tiempos actuales a vecinos de Metán o de Cachi, mientras cada año registra su avance, lento aunque inexorable hacia su destino, la ciudad de Salta. Y a su llegada se producirá el fin del mundo.

El proceso de mitificación y el ritual

Para Mircea Eliade no hay mito si no hay descubrimiento de un misterio, revelación de un hecho primordial que haya sido fundado ya sea una estructura de lo real, o un comportamiento humano. En las sociedades primitivas, el mito es considerado como expresión de la verdad absoluta porque refiere una historia sagrada. Siendo real y sagrado, el mito se vuelve ejemplar y en consecuencia repetible, por cuanto sirve de modelo y justificación de todos los actos humanos.

Respecto a los mecanismos del proceso de mitificación, resulta que el recuerdo de un acontecimiento histórico o de un personaje auténtico no subsiste más de dos o tres siglos en la memoria popular, pues difícilmente ella retiene acontecimientos individuales y figuras auténticas. Funciona con otras estructuras: categorías en vez de acontecimientos, arquetipos en vez de personajes vivos. De esa forma el personaje es asimilado a su modelo mítico (héroe), mientras que los acontecimientos son incluidos en la categoría de acciones míticas.

Como los sueños, los mitos pueden asimilar características o símbolos de situaciones próximas, análogas. En tal sentido, puede hablarse de la confluencia del mito de Esteco con el más famoso espejismo de su época, la ciudad de los Césares o sus equivalentes (el Paytití, la Gran Quivira, Elelín, Trapalanda, el Dorado, Cundinamarca, etc.), aquellas ciudades indígenas resplandecientes por sus riquezas, generando fantasías mercantilistas que impulsaron a los españoles a explorar nuestro inmenso continente.

Por otra parte, parece evidente que Esteco y Salta son las dos caras de una misma moneda, los polos de una contradicción, uno positivo y el otro negativo. Porque Salta triunfó por la intersección de la divinidad, en aquel mismo instante en que Esteco se veía precipitada a su destrucción.

De allí que las tradiciones gestadas alrededor de Esteco respondan a la categoría de mito, al cumplir con sus principales postulados: poseer idea de la divinidad o de lo sagrado, reactualizar el mito mediante un ritual, y ocupar un tiempo y espacio míticos. De todas estas características, la más importante es el ritual, que permite revivir los acontecimientos primordiales, logrando abolir el tiempo profano y facilitando al hombre su reencuentro con el "gran tiempo" eterno e inmutable. Al recrearse el ritual, coincide por su repetición con su arquetipo, aboliendo el tiempo histórico o finito, y reactualizando las potencias creativas y ejemplarizadoras del mito.

Eso precisamente sucede anualmente cada 13 de setiembre, cuando el pueblo salteño saca en procesión a sus divinidades, y entre cánticos y rezos les agradece su triunfo sobre la naturaleza y las fuerzas demoníacas que destruyeron la ciudad maldita de Esteco. Y siempre será así, porque es evidente que Salta redime sus culpas cada vez que recrea la destrucción de la míticamente infernal Esteco, y de esa forma niega la posibilidad de su propia destrucción por un terremoto (La mujer de Piedra). Sólo así el pueblo salteño justifica su existencia y puede sonreir a su futuro...

Lic. José Oscar Frigerio


Basado en:

José Oscar Frigerio, "Esteco: fatalidad y mito en la conquista del Tucumán", Todo es Historia, N° 244, Bs. As., octubre de 1987.

Carlos Reyes M. Gajardo, "La ciudad de Esteco y su leyenda", Univ. Nac. de Tucumán, Fac. de Filosofía y Letras, N° 26, Tucumán, 1968.

Fernando R. Figueroa, "La Mujer de Piedra", Plus Ultra, Bs. As., 1978.

Maximina Gorostiaga, "El misterio de Esteco", Ed. El Liberal, Santiago del Estero, 1986.

Mircea Eliade, "Mitos, sueños y misterios", Fabril Ed., Bs. As., 1961.

Teresita Faro de Castaño, "De magia, mitos y arquetipos", Ed. Univ. Belgrano, Bs. As., 1985.

Raúl J. Usandivaras, "Grupo, pensamiento y mito", EUDEBA, Bs. As., 1982.

Mircea Eliade, "El mito del eterno retorno", Alianza Emecé, Madrid, 1984.


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