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Fundaciones de Buenos Aires
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Cuando en 1534 Hernando Pizarro llegó a Sevilla cargado con los tesoros del Perú, el esplendor de los mismos maravilló a la corte. La entrada por el río descubierto por Solís (llamado de la Plata) hacia las regiones del Perú y el dominio de toda la zona para impedir el avance portugués se hacía imperioso para España.

Carlos V nombró Adelantado y capitán general de las tierras y provincias del Río de la Plata a Pedro de Mendoza, quien arribó en 1536 y procedió a fundar una aldea con el nombre de Puerto de Santa María del Buen Ayre (en recuerdo de la virgen patrona de los navegantes que se veneraba en Sevilla), en la desembocadura de un riachuelo. En ese punto se formaba una ensenada segura y de fácil acceso.

La expedición reunía más del millar de hombres, y el lugar no ofrecía ni materiales de construcción ni caza abundante como para alimentarlos. También había tigres que pronto hicieron sentir su ferocidad en los recién llegados. Igualmente, los indios pampas y guaraníes que se habían aproximado amistosamente proveyéndoles al principio algunos víveres, hubieron pronto de alejarse por abusos de los españoles.

Mientras una expedición al mando del lugarteniente Juan de Ayolas, partía hacia el norte hacia el lugar en que Caboto había poblado, con el fin de auxiliar la comprometida situación de la fundación cuanto para encontrar el camino hacia la anhelada tierra de la plata, Mendoza ordenó colocar una fuerza de 300 soldados en el actual río Luján para construir una fortaleza. Inmediatamente a su llegada fueron atacados por una horda de indios muy superior en número que les causó grandes bajas.

Días después los indios pusieron sitio al asiento de Buenos Aires, condenándolos a la miseria y al hambre. La situación fue catastrófica, por cuanto terminadas las ratas y culebras hasta hubo antropofagia entre los sitiados, comenzando por unos ahorcados por haberse comido un caballo.

Terminado el trágico sitio por la retirada de los indios, los que no murieron de hambre pudieron proveerse de provisiones y saciarla. Ayolas regresó luego de fundar cerca del río de Coronda el fuerte de Corpus Christi y convenció a Mendoza y los suyos de seguirlo hacia allí. Una vez en el lugar, un español les contó historias de riquezas fabulosas, por lo que Mendoza envió una nueva expedición al mando de Ayolas que remontando el Paraná las descubriera. El fin de Ayolas fue trágico, aunque le cupo la gloria de fundar el Fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, luego ciudad madre del Paraguay.

Regresado Mendoza a Buenos Aires, murió a poco de partir de regreso a España. Y los pocos que quedaban en su fundación la terminaron abandonando, por las condiciones hostiles en que se encontraban.

La definitiva fundación de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires la haría Juan de Garay en el año 1580, hacia el norte de la fundación de Pedro de Mendoza.

Trajo consigo pobladores de la Asunción, a quienes distribuyó encomiendas de indios y tierras de cultivo. También pudieron gozar de caballadas que se habían multiplicado libremente desde los tiempos de la primitiva fundación.

Trazó como en Santa Fe las calles a cordel, con cuadras de sección rectangular partidas por el medio en cuatro secciones cada una. Eran 250 manzanas de 140 varas de lado y calles de 11 varas de ancho.

Entregó un solar a cada vecino, estableciendo que los solares centrales serían para los principales edificios de la fundación: el fuerte, la plaza de armas, el cabildo, la catedral, la casa del obispo, los conventos religiosos, etc.

Al dar mayor extensión a la planta urbana, Garay estableció desde un principio la preeminencia de Buenos Aires sobre Santa Fe, por estar destinada a ser capital de la región del Río de la Plata por su ubicación geográfica: junto a la desembocadura del río homónimo y próxima al océano Atlántico.

Una situación indudablemente privilegiada, como puerta de salida de una amplísima región hacia el mar y por supuesto, hacia España que por mucho tiempo detentaría un monopolio comercial con sus colonias.

Garay moriría a los pocos años de manera trágica, pero su fundación estaba destinada a convertirse en la gran metrópoli actual. Sería futura y temible competidora de Lima; capital del Virreinato del Río de la Plata; de las Provincias Unidas del Río de la Plata y más tarde de la República Argentina.

Lic. José Oscar Frigerio


Basado en:

José Luis Busaniche, "Historia Argentina", Solar/Hachette, Bs. As., 1975.

Agustín Zapata Gollán, "La urbanización hispanoamericana en el Río de la Plata", Ministerio de Educación y Cultura, Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales, Santa Fe, 1971.


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